Pechos llenos de misericordia
Pelo rígido
en la frente.
Su final es algo
suelto como el mar.
Que opuesto, esas
revelaciones de Nefretiti.
Pelo largo que empieza
en Barranquilla
y termina a un lado
de Medellín.
Listón detiene
tanta abundancia.
El quinto sol
ya no requiere sacrificios,
esa vista satisface todo.
Márquez entiende
mis pasiones, libros que
han dicho lo que viene de
Mesopotamia. Hoy construyo
esa jaula sabiendo que no
habrá recompensa.
Pechos llenos de misericordia.
Ellas cambian mis pensamientos del crepúsculo.
Camino siempre atrás
para reflexionar sobre
lo importante.
Caminantes me
enseñan sin vocalizar.
Ella me traslada
a quince años anterior.
Veo a Dulcenía morir
por un lector indiferente.
Su belleza viene de las
alturas de Bogotá.
Sólo dos raíces
cuales sobresalen en estas tierras fortalizadoras.
El tocar deja que la sangre corra por doquier,
rojos cachetes de sandía.
Aretes que bailan
y sincronizan su canción,
dioses que parten las aguas
del Rió Jordán.
Tu sendero da éxodo a mi destierro
y ponen alto a mi oficio de bohemio.
Pongo alto en este día a la aurora.
Hoy llega en lugar segundo.
Piel morena, mezcla del sol y de la tierra,
¡tú relumbras mi bolígrafo!
Exagero tu esencia, lo obvio lo dejo vago.
Sueños me transplantan
y sugiero estar en la
isla de Robinson Crusoe.
Acompáñame, tú de blusa rosita
y pantalones mezclillados.
¡Aquí se posiciona tu amado!
Simpática es la reina de Colombia.
Ella hace lo que hizo en Guatemala la niña de Martí -
introduce el idealismo.
Ahora afirmo la imaginación sobre lo que
podrá ser.
¡Estrella de la aldea de Medellín!
Sonrió porque sé que en un tiempo pasará
y sólo quedaré cantando la canción de
José Asunción Silva, la que empieza
“¡Aserrín!”
“¡Aserrín!”