Crucé




Crucé ayer sobre el puente
que no tiene retorno.  El puente era
de treinta y cuatro pasos, mas me demoré
más de dos horas en pasar al otro lado.
En cada caminar, choqué con cada año
anterior del cual había vivido.

Miré en los ojos de cada año y
vi la misma alma, mas había un dolor que
llevaban esas dos lámparas.  Terminé
ese viaje con los ojos cerrados y
con el alma temblando.  Después,
quemé el puente para eliminar
la contemplación.