Combatiendo la vergüenza
Salí a bailar con una muchacha que
se encontró en disposición.
De su silla, caminamos a la plataforma
del disco. Empezó una nueva canción con
sonido del saxofón al ritmo de Coltrane
y letras de Agustín Lara.
Me dio la frente
y le envié una sonrisa.
Hice mi intención, patética, de
bailar, moviendo los pies
de lado a lado.
Me dijo, “abrázame”.
Hice el movimiento hacia ella y puse
mis manos alrededor de su
cintura angélica. Ellas
sintieron una electricidad pudiente
. Su sonrisa venció mi muro de
defensa, muro más difícil de
quebrar como el átomo
más necio.
Cerré los ojos. Ella puso su mejilla
sobre mi corazón. Sentí su cabellera
contra mis manos en
cada ola rítmica.