Cazando al Jabalí




Caminando vengo cazando
al malvado jabalí;
me dicen que ha cobrado muertes,
revistas proclaman así

En los montes, me refugio en
los arroyos confiando sólo en mí;
la luna me despierta por la noche
susurrando, “¡Ay ta’, yo lo vi!”

No he dormido en tantas noches,
pesadillas negras que yo mismo molí;
se oyen llantos y velorios, tristes cuentos
de los que han tenido que sucumbir

Pobres campesinos cayendo por el
cerdo salvaje, yo mismo leí;
el viento trae mensajes penumbras
que viene buscándome a mí

Por las noches se aparecen visiones
contando que “¡yo he de morir!”
Por los días, mi mente publica
y reclama que “¡yo ya vencí!”

Una noche de diciembre
después de tres años en sí,
la lluvia brotaba y se concedió
el momento por cual vení

La trompeta del destino tres 
palabras sonó, “huir o combatir”.
De repente el sarnoso apareció y anunció,
“Despierta maldito, ¡que vine por ti!”

Con los pies en la tierra, le grité,
“¡Adelante, que yo no me muevo de aquí!”
Sus ojos se pintaron rojos,
y a mi machete acudí,

El bosque gritó,
“¡Andáis que la historia se está por escribir!”
Saltó veloz, rugiendo y
yo el paso le abrí

Quedó atorado en la red
de mi astuto barril;
mi almacén de pertenencias,
tamaño preciso el cuál escogí

Luchaba y luchaba, “¡ánimo coño!”
sus pujos y esfuerzos se oía decir;
mis manos se soldaron en el puño del machete
dado por mi abuelo en su último abril

Años atrás, el abuelo murió por
dientes de un semejante jabalí;
me ajusté y cuando ya salía
vi su enorme y robusto perfil

El filo, con fuerza bajó
y su cabeza ya no logró salir;
con cuchillo pudiente le saqué el corazón
y ahí mismo, con los dioses, me lo comí

Su rostro difunto, se disculpaba
o, bueno, por lo menos así lo entendí;
le arranqué un diente antes
de nuestro eterno despedir,

Lo cargo hoy en el pescuezo,
la parte precisa donde yo lo jodí.